elcaminantehn agosto 2, 2018

En internet se puede obtener  en idioma inglés o traducido al español, un artículo de  los médicos e investigadores británico y estadounidense, David Owen y Jonathan Davidson, titulado Síndrome de Hubris: ¿Un desorden de personalidad adquirido? Un estudio de los presidentes de Estados Unidos y los primeros ministros del Reino Unido a lo largo de los últimos cien años.

Este artículo fue publicado originalmente en la revista científica Brain, Journal of Neurology, e incluido luego en el libro El poder y la enfermedad.  Según su propio título el artículo se refiere a los líderes gubernamentales de Estados Unidos y el Reino Unido, pero  el enfoque abarca a todos los dirigentes  políticos a quienes el poder se les sube a la cabeza y cometen cualquier clase de abusos.

Lógicamente, entre mayor es el poder  acumulado  por  los dirigentes que se embriagan con la potestad de decidir sobre los destinos de sus países y pueblos, peores son los excesos que llegan a cometer.

Es muy   conocida la fórmula de Lord Acton, historiador y político inglés del siglo XIX, de que “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Pero la corrupción  no consiste  solo en el enriquecimiento ilícito ni el aprovechamiento de los recursos y bienes públicos para hacer o incrementar la fortuna  personal y familiar. Corrupción es  también  el acaparamiento de todos los poderes estatales,  gubernamentales, sociales y políticos, inclusive de aquellos que deben ser  autónomos como los gobiernos municipales y regionales, y las universidades públicas, como  es el caso  de Honduras bajo el régimen absolutista y autoritario de Juan Orlando Hernandez, o Donald Trump en los Estados Unidos, o Sebastián Piñera en Chile con actitudes muy similares a las de Pinochet.

Los investigadores Owen y Davidson definen como Síndrome de Hubris, el conjunto de características y rasgos comunes de los  gobernantes que concentran y ejercen  poder desmedido. Lo llaman hubris, por  el antiguo concepto griego de  hybris, el cual  se traduce  como desmesura,  transgresión consciente y premeditada de los límites legales, humanos y divinos,  desprecio al espacio y el derecho ajeno y, por lo consiguiente,   falta de control de los propios impulsos y de las ambiciones, tanto   de riqueza como  de poder político propiamente dicho.

Owen y Davidson puntualizan 14  características comunes de los individuos  que por tener un poder excesivo  y carecer de calidad humana  para administrarlo correctamente,   abusan desmedidamente de su potestad. Pero algunos analistas  los resumen  en   siete rasgos  principales que son los siguientes:

Confianza exagerada en sí mismo, imprudencia e impulsividad.  Sentimiento de superioridad sobre los demás.  Identificación de su persona  con la patria, la nación, el pueblo  y  la organización que lideran. Discurso mesiánico,  exaltado y agresivo. Pérdida de  contacto con la realidad.  Convicción  de  que el rival tiene que  ser vencido a cualquier precio.  Creerse  indispensables. Terminar en estado de desolación, rabia y rencor  cuando pierden el poder  o simplemente   la popularidad.

 

 

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