La Honduras de la “Vida Peor”.

En los últimos días los medios pertenecientes a las élites económicas han informado que en el país reina la calma, y que en virtud que ya no hay protestas como las que se desarrollaron en la crisis post electoral, las cosas están bien y todo se ha normalizado. Pero no es cierto que en Honduras las cosas estén bien, por distintas razones.

No es cierto que en Honduras todo esté bien, cuando se hilvanó los hilos para concentrar el poder en manos de quien ilegítimamente ejerce el Ejecutivo. No es normal que exista un Tribunal Supremo Electoral, una Corte Suprema de Justicia, un Ministerio Público, un Congreso Nacional y otros entes del Estado, que obedezcan las directrices de un amo, que los colocó en esos puestos para que le hicieran los mandados.

No es cierto que en Honduras todo esté normal, porque no es normal que exista un gobierno producto de una ilegítima reelección, y que quien ejerce el poder lo haga pese a las fuertes denuncias de fraude electoral y que la misma Organización de Estados Americanos (OEA) haya pedido, en su momento, que se repitieran las elecciones porque habían dudas sobre los resultados.
No es cierto que en Honduras las cosas estén bien, cuando el pasado mes, el bipartidismo y partidos minoritarios, reeligieron al Fiscal General, pese que éste no participó en el proceso de selección, en una flagrante violación a la Ley Orgánica del Ministerio Público.

No es cierto que en Honduras todo esté bien, cuando existe una élite empresarial confabulada con los actos de corrupción del gobierno a cambio de repartirse con cuchara grande los negocios del Estado. No, no puede ser normal que cuatro cabezas se impongan con sus mezquinos intereses y aplasten a los demás empresarios, a quienes están orillando a cerrar sus empresas.

No es cierto que en Honduras todo esté bien, cuando los ladrones de cuello blanco, sí aquellos que saquean las arcas del Estado, se burlan del pueblo y salen en libertad, como ocurrió con los imputados en el caso Pandora, que una jueza consideró que no existía el delito de lavado de activos, pese a que se desvió el dinero público a cuentas personales y de partidos políticos, a través de transacciones financieras para ocultar su origen.

No es cierto que en Honduras las cosas estén bien, cuando las campañas políticas de diputados alcaldes y hasta presidenciales, han sido financiadas por narcotraficantes, que han revelado estos extremos en las cortes de los Estados Unidos donde se encuentran extraditados, y que todavía la justicia hondureña no haya hecho nada al respecto.

No es cierto que en Honduras las cosas estén bien, cuando se reducen las penas para los delitos de corrupción, se cambian las leyes en el Congreso Nacional con actas de reconsideración o fe de erratas o con reformas a la Ley Orgánica del Poder Legislativo que facultan a los secretarios del Congreso para que cambien el contenido de lo aprobado por el pleno. No puede estar todo bien, cuando se ha tipifica de terroristas a los que protestan en las calles en contra de las injusticias.

No es cierto que en Honduras todo está normal, cuando se premia con altos cargos y jugosos salarios a los ladrones y se haya castigado con cárcel a los hombres y mujeres que, en diciembre y enero pasado, salieron a protestar a las calles para exigir que se respetara la voluntad popular manifestada en las urnas y la Constitución de la República.

No es cierto que en Honduras las cosas estén bien, cuando los militares y policías recurrieron al uso excesivo y abusivo de la fuerza para dispersar manifestaciones públicas y dispararon sus balas, dejando muertos a 22 ciudadanos y que después de ocho meses el Ministerio Público no ha presentado ni un tan solo requerimiento fiscal contra los responsables de este repudiable capítulo.

No es normal que en un país después de un proceso electoral se convoque a un diálogo político para que el pueblo y la oposición política acepten la imposición. No, no, no es normal que después de ocho meses de las elecciones ese diálogo no haya ni tan siquiera arrancado.

No es cierto que en Honduras todo esté normal, cuando el 68.8 % de su población vive en pobreza y el 44.2 % de éstos en condiciones de extrema pobreza, pese a que en la última década se han invertido alrededor de 200 mil millones de lempiras en programas sociales que poco o nada han hecho para lograr su propósito.

No es cierto que en Honduras las cosas estén bien, cuando el informe más reciente de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) nos ubicó como el país con los mayores niveles de pobreza de todo el continente americano, superando ahora a Haití.

No es cierto que en Honduras las cosas estén bien, cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) señaló en su informe preliminar de su recién finalizada visita in loco que, persisten altos niveles de desigualdad y exclusión social que afectan a grandes sectores de la población.

Específicamente, cuando se continúa observando graves dificultades y desafíos en el acceso a necesidades básicas, oportunidades de empleo, bienes naturales como la tierra y medios de supervivencia.

No es cierto que en Honduras todo está normal, cuando existe una situación especialmente preocupante en cuanto al acceso a medicamentos y tratamientos esenciales por parte de los grupos poblacionales más desfavorecidos del país.

No, no, no es cierto que todo esté normal cuando el Estado no ha recuperado los más 350 millones de dólares que fueron dilapidados del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) y que los autores intelectuales de este crimen sigan en la impunidad.

No es cierto que en Honduras las cosas estén bien, cuando miles de niños se van sin comer a la escuela y cuando muchos centros educativos están destruidos. Tampoco puede estar todo bien, cuando en Honduras hay más de 800 mil jóvenes que ni estudian ni trabajan, según estimaciones del Banco Mundial.

No es cierto que en Honduras todo esté bien cuando la pobreza infantil es la más severa en toda América Latina. No, no, no puede estar bien, que de la población infantil de menos de 4 millones, haya 435.000 niñas y niños trabajando y cuando más de un millón de niños, niñas y adolescentes entre 3 y 17 años no acuden regularmente a la escuela o se encuentran fuera del sistema educativo

No es cierto que en Honduras todo está normal, cuando las escuelas son invadidas por los militares para imponer el programa Guardianes de la Patria, con el argumento de controlar la presencia de maras y pandillas en las escuelas, así como la venta y el consumo de drogas, porque sus acciones castrenses son contrarias a la paz y ponen en riesgo a muchos niños y niñas de determinados sectores sociales, según apuntó la CIDH en su informe preliminar.

No es cierto que en Honduras las cosas estén bien, cuando la propia Dirección de Medicina Forense reconoce que el 90 % de los femicidios se encuentran en la impunidad y cuando cada 18 horas se asesina una mujer.

No es cierto que en Honduras todo está normal, cuando las personas LGBTI se enfrentan a actos de violencia y discriminación generalizada que normalmente permanecen en la impunidad y cuando en los últimos cinco años, se reportan 177 asesinatos contra estas personas.

No es cierto que en Honduras las cosas están bien, cuando se observa ataques físicos y verbales contra las personas defensoras de los derechos humanos por parte de policías y militares y el sometimiento de éstas a largos procesos penales, en los que además se imponen medidas sustitutivas, creando un efecto multiplicador de amedrentamiento.

No es cierto que en Honduras todo está normal, cuando hay alrededor de 264,481 personas que han sido desplazadas internamente por problemas de violencia e inseguridad.

No es cierto que en Honduras todo está bien, cuando 1.2 millones de compatriotas, equivalente al 14% de la población total de Honduras, se encuentra viviendo en los Estados Unidos, huyendo del hambre y de la violencia y que esas cifras se sigan engrosando de acuerdo a un informe proporcionado en abril pasado por el Servicio de Migración y Aduanas de los Estados Unidos que estableció que entre enero a abril pasado, la migración de hondureños había incrementado en 223 %. Asimismo, la Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA por sus siglas en inglés) desmintió las cifras del gobierno hondureño que asegura que ha logrado disminuir la migración. WOLA estableció que la migración de hondureños incrementó en un 78 % tras las elecciones del 26 de noviembre del año pasado.

No es cierto que en Honduras todo está normal, cuando el 99.97 % de las denuncias de agresiones contra periodistas, presentadas ante el Ministerio Público desde el 2015 a la fecha, estén en la impunidad. No, no, no es normal que en un gobierno que se aprecie de democrático se den ataques físicos, digitales y muertes de periodistas, porque las agresiones a la prensa solo se registran en las dictaduras.

No es cierto que en Honduras todo esté bien, cuando el gobierno oculta todo, amparándose en la ley de secretos y cuando gasta millones de lempiras en publicidad y lo peor aún, que se haya aprobado una ley que faculte al presidente de la República a pactar con los medios de comunicación el canje publicitario para impulsar una imagen positiva de su gestión.

No es cierto que en Honduras todo esté normal, cuando más del 90 % de los medios de comunicación están controlados por el gobierno y por congraciarse con éste, recurren a la mentira y a la manipulación. No, no, no las cosas no pueden estar bien con una prensa cobarde, acomodada y servil.

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