elcaminantehn septiembre 7, 2018

La condena de dos miembros de las FFAA  de Honduras por el asesinato de Sania Maritza y Ramón Eduardo Rodríguez, confirma la existencia de escuadrones de la muerte dentro del organismo.

Los militares, el capitán José Eleazar Mejía y el teniente José Luis Melgar Deras, fueron condenados por un tribunal de sentencias por haber asesinado a ambos hermanos en abril de 2014 y cuyos cuerpos fueron encontrados a inmediaciones de la aldea Támara con evidentes signos de tortura, luego que fueran raptados de una colonia del sur de Tegucigalpa.

Este extremo deja en evidencia cómo unidades especializadas del Ejército han participado en ejecuciones extrajudiciales, en este caso, de la Fuerza de Seguridad Interinstitucional Nacional (Fusina) creado por el presidente Juan Hernández orientado a combatir la criminalidad que azota a Honduras.

Con relación a los dos uniformados –que permanecen confinados en una unidad militar–, el Ministerio Público, a través de la Fiscalía de Delitos Contra la Vida pidió a los jueces que impongan una condena que oscila entre los 40 y 60 años de cárcel por la comisión del doble crimen.

Mel Zelaya y el Partido Libertad y Refundación denunciaron en aquella ocasión la participación de unidades de las FFAA hondureñas en ejecuciones sumarias de hondureños, que provocó la ira del exjefe militar y ahora subsecretario de Defensa Fredy Díaz, quien exigió pruebas sobre la incursión de subalternos en el asesinato de personas.

A la fecha, el exjefe militar y flamante funcionario no ha emitido comentarios sobre la condena contra dos agentes por haber asesinado a los hermanos Rodríguez.

Cabe recordar que ambos hermanos residían en la colonia Peña por Bajo, precisamente, en “el Hoyo”; al momento del hallazgo de ambas víctimas, presentaban evidentes signos de tortura en varias partes del cuerpo.

Uno de los fallecidos aún tenía en su muñeca los aros de presión o esposas que fueron utilizadas por los ya sentenciados al momento del arresto ocurrido a inmediaciones de la vivienda donde residían. Los jóvenes fueron interceptados por Mejía y Melgar Deras, quienes se conducían en un picop gris sin placas, y se los llevaron a un sitio no determinado para proceder a torturarlos y ejecutarlos con saña.

La extinta Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC) decomisó fusiles Micro Tavor y el carro en el que se transportaron los dos asesinos, pues hallaron varias manchas de sangre que los conectaron con el doble crimen.

 

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