1973: EE.UU. y fascistas chilenos dan Golpe de Estado a Salvador Allende en Chile.

La Moneda fue estéticamente reconstruida, se escondieron las huellas de las balas bajo múltiples capas de estuco; los tímpanos y ornamentos fueron construido para hacerlos parecer auténticos. Nuestro símbolo democrático fue reconstruido basado en un proceso que buscaba hacernos olvidar todo lo que significó su bombardeo, para hacernos creer que no fue tan grave. Lo que en restauración se le llama “falso histórico” fue aplicado a la reconstrucción del símbolo de nuestra institucionalidad republicana.

El 11 de Septiembre de 1973, cuatro aviones modelo “Hawker Hunters” provenientes desde Concepción se disponen a atacar diversos puntos de la ciudad de Santiago. Llegando a Santiago, 2 de estas naves tienen como objetivo el Palacio de La Moneda y a partir de las 11:52 realizan siete ataques consecutivos sobre el edificio.

El símbolo del régimen republicano que Chile había construido durante décadas, el emblema de la sociedad democrática estaba siendo atacado por las fuerzas armadas nacionales, comandadas por Pinochet en terreno, pero dirigidas y financiadas por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos. Un ataque feroz y despiadado. El edificio arderá en llamas y el daño sobre el Palacio será severo.

Considerando el acecho militar terrestre con tanques y patrullas que sufrió el Palacio de Gobierno, junto a la nula resistencia ofrecida por los adherentes a Allende, cabe preguntarse: ¿cuál fue el sentido de bombardear “La Moneda”?

El bombardeo de La Moneda no tenia como único fin amedrentar al gobierno de Salvador Allende y sus adherentes, la militarización de las calles y la violencia ejercida por las fuerzas de Pinochet ya se constituían como una amenaza imposible de contestar. El bombardeo al Palacio de Gobierno se constituye como un acto simbólico, un hecho poético de destrucción, perversión y abominación. Este ataque a un edificio publico en el cual reside el poder de los presidentes elegidos por la ciudadanía, fue también un ataque a la democracia y a la República. Fue un mensaje que se puede interpretar como el fin de la era de los demócratas y el inicio de la era del modelo neoliberal, de la represión, de la violencia. Un manifiesto sobre la destrucción de un modelo de sociedad que durante décadas fue construido por chilenos, pasando a instalar un modelo de sociedad importado desde la Casa Blanca en Washington.

Ya datan 40 años desde esos eventos. La Moneda fue estéticamente reconstruida, se escondieron las huellas de las balas bajo múltiples capas de estuco; los tímpanos y ornamentos fueron construidos para hacerlos parecer auténticos. Nuestro símbolo democrático fue reconstruido basado en un proceso que buscaba hacernos olvidar todo lo que significó su bombardeo, para hacernos creer que no fue tan grave. Lo que en restauración se le llama “falso histórico” fue aplicado a la reconstrucción del símbolo de nuestra institucionalidad republicana. Un proceso cuestionable, porque en definitiva y a pesar del cese de la represión en muchas partes del territorio, nuestro proceso de democratización ha sido un falso histórico. Las heridas siguen abiertas tras los vendajes, no sangran únicamente porque están parchadas. La sociedad, tal y como “La Moneda”, conserva sus profundas fracturas internas. Nuestra democracia aparenta estar reconstruida estructuralmente, pero por dentro las fisuras que dejó la violencia y el despotismo de la dictadura hace que los muros de nuestra sociedad sigan vulnerables ante cualquier amenaza.

Es de esperar, que la construcción de nuestra sociedad desde hoy hacia el futuro se realice comprendiendo que hoy vivimos en condiciones que distan mucho de lo que los chilenos realmente merecemos. Nuestras divisiones no surgieron en territorio Chileno; tal como el 11 de septiembre de 1973, llegaron en avión y utilizaron la avaricia de unos pocos para bombardear y destruir la búsqueda de justicia social de muchos mas.

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