elcaminantehn septiembre 14, 2018

Cuando al escritor italiano Primo Levi, sobreviviente del campo de concentración de Monowice, le preguntaban cómo era posible que hubiera sucedido Auschwitz, su contestación desorientaba al auditorio. Lo que él se preguntaba era por qué no ocurría más seguido, dada la facilidad con que se propagan y encuentran aceptación algunas ideas irracionales.

La escena protagonizada la semana pasada por Baby Etchecopar en la puerta de Radio 10 le daría la razón a Levi. No sólo maltrató de la peor manera y discriminó a una representante del Movimiento Evita valiéndose del poder que le otorga el micrófono, sino que acudió a sus oyentes para que lo defendieran. Fue así que algunos seguidores, entre ellos varios taxistas, acudieron en su ayuda para “defenderlo” de la pacífica protesta de las compañeras de la mujer denigrada. Según parece, siempre hay gente dispuesta a defender lo indefendible.

No es la primera vez que Etchecopar actúa de esta manera. Por el contrario, no construyó su fama en base a ninguna virtud periodística, sino a través del maltrato a sus oyentes, la discriminación y la proclamación de un odio profundo hacia los sectores populares. Es su odio explícito, que muchos toman por inocuo pintoresquismo en la construcción de un personaje mediático, la característica distintiva de su discurso. Sin embargo, Etchecopar ha dado sobradas pruebas, tanto en su vida privada como pública, de ser un violento. Luego de haber matado al ladrón que entró a su casa, se produjo una cierta moderación en su discurso tendiente quizá a demostrar que no era realmente el monstruo que parece ser. Pero le duró poco. ¿Por qué habría de moderarse cuando el Presidente y la ministra de Seguridad elogian el accionar de un policía que mata a un ladrón por la espalda y lo visitan en la cárcel.

Resulta curioso que las entidades periodísticas que se rasgan las vestiduras por la situación de la prensa en Venezuela jamás hayan señalado que el discurso de Etchecopar constituye una permanente instigación a la violencia y acepten de buen grado su arengas discriminatorias en las que ni siquiera recurre a eufemismos.

Igualmente curioso resulta que sus oyentes lo sigan aun cuando les corta el teléfono y los denigra al aire  poniendo en juego un autoritarismo repudiable. ¿Tienen sus seguidores una matriz masoquista o están afectados por el síndrome de Estocolmo? ¿Por qué quienes instituyeron la muletilla “la grieta” no se manifiestan contra quien proclama a los cuatro vientos su odio de clase y hace de la denigración una forma de ejercer el periodismo?

Es terrible que exista en los medios un personaje tan violento que al lado de él hasta Micky Vainilla resulta un discriminador moderado. Pero más terrible aún es que la sociedad lo tolere y una parte de ella lo aplauda otorgándole de este modo patente de corso.

Sería lógico preguntarse si Etchecopar más que un violento con micrófono que actúa por cuenta propia no es una muestra de parte de un país empeñado en dispararse en los pies yendo en contra de sus propios intereses, de una parte del país un tanto amnésica que a la hora de decidir no tuvo en cuenta la historia reciente, de parte de un país que ve la corrupción en el ojo ajeno y no la ve en el propio, de una parte del país para la que el problema son los planes sociales y no la fuga de capitales, ni las empresas off shore de los funcionarios, ni la piratería de guante blanco que impone el hambre con la promesa de un futuro paraíso. Ya sería hora de reflexionar y preguntarse quiénes son los violentos y quiénes son los ladrones.

“Lo escrachamos para defender a una compañera violentada por ser mujer y pobre”

Una referente del Movimiento Evita explicó la motivación del repudio que le realizaron al periodista Baby Etchecopar, quien la semana pasada, al aire, insultó y discriminó con violencia a otra militante de esa agrupación que realizaba una gestión ante el Anses.

No se acalla el escándalo suscitado a partir de los dichos violentos, machistas y discriminatorios del periodista Baby Etchecopar, la semana pasada, durante y después de una entrevista a una militante del Movimiento Evita. Este lunes un grupo de integrantes de esa agrupación realizó un escrache frente a estudios de Radio 10, en los que trabaja el periodista.

Las militantes llegaron por la mañana, hicieron una olla popular y permanecieron varias horas en forma de protesta frente a los estudios ubicados en Fitz Roy 1940, en el barrio porteño de Palermo. Entendiendo que los dichos del periodista legitiman “la violencia contra la mujer, además de mostrar odio hacia los pobres”, al tiempo exigieron las autoridades de la radio accionaran ante “el elevado grado de machismo que el conductor ejerce a diario”.

Lo explica justamente Carolina Pedelacq, referente del Frente de Mujeres del Movimiento Evita: “La semana pasada la chica estaba en una manifestación en la puerta de ANSES, exigiendo un programa social. Uno de sus noteros la sacó al aire para que explique sobre el reclamo. Fue entonces cuando el misógino comenzó a ningunearla y violentarla como suele hacer con la gente que entrevista en su programa, sobre todo con las mujeres”.

Luego la referente continuó con su pormenorizado relato: “Le dijo a nuestra compañera que es ‘una sinvergüenza, una vividora y una aprovechadora por estar reclamando un plan social’. Entonces ella le responde que tiene hijos que mantener, y él le dijo ‘nadie te mandó abrir las piernas’. Es por esta razón que decidimos organizar un escrache en la puerta de la radio”.

Cuando se desarrollaba la protesta frente a la radio, Etchecopar, custodiado por un policía, llegó para ingresar al edificio y en su camino empujó violentamente a una mujer. Luego, ya en el aire, al frente de su programa, comenzó a insultar, denigrar y discriminar a las militantes que estaban en la calle, y a las mujeres en general.

“Llegamos a la mañana, antes de empezar su programa. Él estaba en un café ubicado en la esquina. Cuando salió del local, escoltado por un policía, empujó a una compañera, ingresó al estudio y comenzó a decir que estábamos haciendo quilombo, que somos unas tortilleras, feminazis, que teníamos palos y no sé cuantas barbaridades más. Después vinieron unas patrullas y vieron que no estábamos haciendo lo que él decía al aire”, asegura Pedelacq, quien puntualiza: “Lo nuestro fue algo pacifico, repartimos volantes y escribimos algunas consignas en el asfalto”.

La dirigente finalmente explicó: “Lo hicimos como modo de réplica, porque este tipo acostumbra a cortarles el teléfono a las personas cuando le dicen algo que no le gusta. Esta es la forma que consideramos más viable para defender a una compañera que ha sido violentada, por ser mujer y pobre. Queremos que le quede bien en claro, que siempre que suceda algo así, vamos a responder de la misma manera”.

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