elcaminantehn octubre 9, 2018

Para él, las mujeres de derecha “son más limpias” que las de izquierda, los homosexuales quieren ser una “superraza” y el feminismo es una “enfermedad”.

Es Eduardo Bolsonaro -tercer hijo de Jair Bolsonaro, el candidato de la extrema derecha a la presidencia de Brasil- que se convirtió el domingo en el diputado federal más votado en la historia del país sudamericano.

A sus 34 años, el policía devenido político se presentó a la reelección por el escaño que conservaba en la Cámara Baja desde 2014 por el estado de São Paulo y por el Partido Social Liberal, que lidera su padre.

Y aunque era favorito, el resultado rompió todos los pronósticos: obtuvo 1.814.443 votos, superior al récord que había establecido en 2002 Enéas Carneio, otro candidato de la ultraderecha que alcanzó 1.573.642 puntos.

De acuerdo con fuentes electorales, la votación representa un aumento de aceptación de 2.030% para Bolsonaro, quien, cuando se presentó a las contiendas electorales en 2014, solo obtuvo 82.224 votos y quedó en el lugar 61 entre los más votado en São Paulo.

Analistas brasileños aseguran que los resultados del domingo fueron solo la confirmación de una ascendente carrera política del también abogado, cuyos comentarios y controvertidos proyectos políticos lo han colocado en las márgenes del escándalo y la polémica.

Pero que, también, lo han convertido en uno de los políticos jóvenes más populares del país.

Un diputado populista

Desde que Jair Bolsonaro fue apuñalado a inicio de septiembre, Eduardo se convirtió en una de las caras más visible de la campaña.

Era él quien daba muchos de los partes sobre el estado de su padre y quien ofrecía entrevistas y comentarios a medios locales e internacionales.

Pero dentro de Brasil y, principalmente en São Paulo, el estado que representa en el Congreso, es desde hace cuatro años una de las voces políticas más conocidas y seguidas.

El año pasado, obtuvo el primer lugar en la categoría de “Mejor Diputado” de los Premios Focus, una consulta popular en línea para evaluar el trabajo de los políticos.

Y antes, en 2015, ocupó también la primera posición en la categoría “Lucha contra la corrupción y la delincuencia organizada” de estas votaciones, con 10.000 votos más que el segundo lugar.

Graduado en Derecho por la Universidad Federal de Río de Janeiro en 2008, Eduardo Bolsonaro es también funcionario de la Policía Federal.

De hecho, el uso de su pistola en casi todo momento y lugar ha dado lugar a múltiples críticas y cuestionamientos.

Pero han sido sus comentarios sobre las mujeres, los homosexuales y las minorías (similares a los que hace su padre) las que lo han llevado a las más encendidas polémicas y los que, también, le han ganado la simpatía de ciertos sectores de clases acomodadas y populares de la sociedad brasileña.

De tal palo, tal astilla

Al igual que Jair Bolsonaro, Eduardo es un acervo crítico de las relaciones y las uniones entre personas del mismo sexo y un defensor de la “familia tradicional”, comprendida por él como la integrada por un hombre y una mujer.

También niega que en 1964 haya ocurrido un golpe de Estado en Brasil y asegura que “los militares llegaron al poder a través del pueblo”.

Desde que tomó un escaño en el Congreso, muchas de sus propuestas han estado dirigidas a defender los postulados políticos que su padre ha hecho populares.

Aboga por la reducción de la mayoría de edad penal, el establecimiento del trabajo obligatorio para los presos y busca penalizar al Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra.

Aunque abogado de profesión, Bolsonaro es un crítico agudo del derecho de habeas corpus, o sea, la obligación de presentar a todo detenido ante un juez en un plazo máximo de 24 horas.

En 2016, presentó un proyecto para criminalizar el uso de símbolos del comunismo y poco después presentó otro para instituir la posibilidad de portar armas en aeronaves civiles.

Hace un par de años, votó a favor del proceso de destitución de Dilma Rousseff y, aunque en un principio apoyó las políticas del gobierno de Michel Temer, luego se pronunció a favor del proceso que pedía la apertura de una investigación contra el presidente.

En los días previos a las elecciones otras dos polémicas rondaron su candidatura al Congreso.

En un acto de campaña aseguró que las mujeres de derecha “son mucho más bonitas” que las de izquierda, porque “no enseñan los pechos por ahí para protestar” y porque “tampoco defecan en la calle” para manifestarse.

Luego, la etiqueta “digite 432%” tomó algunas de las principales redes de Brasil en su contra, tras conocerse que desde que inició su carrera política hace cuatro años, el patrimonio personal de Eduardo Bolsonaro había aumentado en un 432%.

El clan Bolsonaro

Pero el tercer hijo del primer matrimonio de Jair Bolsonaro no fue el único en consolidar su posición política en Brasil con las elecciones del domingo.

El padre, si bien no alcanzó la mayoría necesaria para ganar la presidencia directamente en el primer turno, continúa perfilándose como el favorito para la segunda vuelta del venidero 28 de octubre.

Mientras, Flavio Bolsonaro, el hijo mayor de Jair, fue elegido el domingo como senador por el estado de Río de Janeiro, mientras Carlos Bolsonaro, el segundo hijo del candidato a la presidencia, fue elegido concejal también en Río.

Para muchos en Brasil, los resultados fueron la constatación del creciente ascenso del hasta ahora pequeño y poco influyente Partido Social Liberal y de la ideología de ultraderecha que promueve.

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