elcaminantehn noviembre 8, 2018

Opinión de Myrtille Danse, directora de Hivos Latinoamérica.

Entre las fotos de esta semana de la caravana de migrantes que ingresan a México, vimos a un joven cargando a un bebé mientras cruzaba el río Suchiate, una frontera natural entre Guatemala y México. Esta imagen de una vida futura llevada a cabo a través de una fuerte corriente que intenta detener su progreso es más que una metáfora de lo que ha estado sucediendo en Centroamérica durante los últimos meses.

Las tendencias recientes muestran claramente que estamos siendo amenazados por el ascenso del fundamentalismo al poder, el cierre de los espacios cívicos y la criminalización, persecución y asesinato de los defensores ambientales y de derechos humanos. Los derechos de las mujeres, las comunidades indígenas y los defensores de los derechos humanos en particular están en peligro. En varios países, el estado de derecho se ha convertido en algo del pasado y el futuro no se ve mucho mejor.

La región más desigual del mundo.

La desigualdad en América Latina no solo es visible, es palpable; Casi puedes respirarlo. Y América Central es un excelente ejemplo de esta región más desigual del mundo. Las personas en Guatemala, Nicaragua, El Salvador y Honduras luchan por sus derechos básicos contra gobiernos que son cada vez más dictatoriales. Incluso Costa Rica está tratando de protegerse de las corrientes xenófobas y fundamentalistas dentro de su congreso y su futuro político.

Hivos ha estado trabajando durante cuatro décadas en esta región guiada por soluciones nacidas en los corazones y las mentes de los pioneros. Es por esto que organizamos un Gran Debate Centroamericano en los Países Bajos el 1 de noviembre, dirigido por expertos de ambos continentes. Les pedimos que respondieran esta pregunta: ¿Cómo podemos trabajar juntos para detener la crisis que afecta a América Central?

Seis medidas que podemos tomar:

  1. Proteger a quienes nos protegen: Necesitamos reevaluar urgentemente los mecanismos de protección y seguridad para los defensores de los derechos humanos en la región. Porque los mecanismos actuales no son respetados ni implementados por los gobiernos.
  2. Conectar a las personas adecuadas: tenemos que crear estrategias conjuntas entre las organizaciones defensoras de los derechos humanos y los medios alternativos, en gran medida como lo ha hecho Hivos Latinoamérica con más de 40 organizaciones asociadas a través de nuestro programa Nexos.
  3. Actuar y acelerar los procesos: las organizaciones de cooperación internacional deben aumentar su capacidad para responder a nuestra crisis humanitaria. Estamos tratando con gobiernos que violan todas las leyes que han firmado en los acuerdos internacionales de las Naciones Unidas.
  4. Educar a otros y a nosotros mismos: las tendencias religiosas fundamentalistas y las figuras populares que actúan y expresan sentimientos contra los derechos humanos han ascendido al poder en países como Brasil y los Estados Unidos. Esto es en parte gracias a la ignorancia y la desinformación. Para crear un contrapeso, debemos educar a los ciudadanos en la verificación de datos, la libertad, los espacios cívicos y la democracia. El mejor aliado de los derechos humanos es la educación.
  5. Poner a las personas primero: no importa dónde vivamos o qué idioma hablemos, la desigualdad, la pobreza y las crisis humanitarias deben ser temas cercanos a nuestros corazones. Pongamos a las personas primero, condenemos las violaciones de derechos humanos, levantémonos y tomemos medidas. La crisis centroamericana es un síntoma de la crisis humanitaria más grande que enfrentamos.
  6. Cambie la narrativa: Necesitamos analizar cómo abordamos el tema y, si es posible, cambiar nuestra narrativa. Esto podría abrir puertas para el diálogo con personas que piensan diferente. Podríamos entendernos mejor y ganar aliados para la defensa de los derechos humanos.

No existe una fórmula mágica

No existe una fórmula mágica para resolver la crisis migratoria en Centroamérica. Pero una coalición de voluntarios y personas con creencias humanistas podrían sacar a la región de su atolladero. Las organizaciones de derechos humanos, los medios de comunicación alternativos y los movimientos sociales ya lo están dando todo, incluso arriesgando sus vidas, para asegurar un futuro para la región. Ahora es el turno de todos los demás.

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