Islandia prohíbe pagar salarios inferiores a las mujeres.

Las organizaciones gubernamentales y las empresas del sector privado pueden ser multadas si incumplen la obligación. Un gran paso para la equidad laboral.

Líder en igualdad de género en el mundo, Islandia tiene en vigor desde el 1 de enero de 2018 una ley que prohíbe que las empresas y el sector público paguen salarios mayores a los hombres que a las mujeres.

En la práctica, organismos gubernamentales y empresas del sector privado con más de 25 funcionarios tendrán que obtener certificación atestiguando la existencia de políticas de igualdad salarial efectivas en su organización.

Las corporaciones que no cumplan con el requisito serán penalizadas con multas diarias de cerca de $435 dólares. Se espera que el mayor castigo, sin embargo, sea la vergüenza de no estar en conformidad con políticas de combate a la desigualdad.

Empresas y grandes instituciones con más de 250 empleados en su cuadro tuvieron hasta el final de 2018 para obtener la certificación; a partir de ahora, ya pueden ser multadas. El plazo termina a finales de 2021 para las organizaciones que tengan entre 25 y 90 funcionarios.

La medida convierte a Islandia en el primer país del mundo en tener la igualdad salarial como obligación.

Anteriormente, Islandia introdujo una cuota, lo que significa que las empresas con más de 50 empleados deben tener un mínimo de 40% de mujeres en sus directorios.

Además de eso, cuando se trata de igualdad de género, Islandia está clasificada como la mejor del mundo. Ha ocupado el primer puesto durante nueve años consecutivos, según el Foro Económico Mundial . Sin embargo las mujeres todavía ganan alrededor de un 14% menos que los hombres.

En 1975, las mujeres de Islandia se declararon en huelga por la desigualdad, dejando que sus parejas cuidaran de los niños, cocinen y limpien.

Cinco años después, el país votó en la primera mujer líder elegida democráticamente en el mundo. Ahora, todos los años para marcar la huelga, las mujeres abandonan sus lugares de trabajo y sus hogares y se reúnen en la plaza central de Reikiavik para exigir un cambio.

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