Una alianza China-Rusia es considerada como «la pesadilla estadounidense», según analistas.

Dos expertos, Graham Allison y Dimitri Simes, advierten que «una creciente cooperación entre Rusia y China plantea un serio reto estratégico para EE.UU., y si esto no se controla, podría tener consecuencias profundamente negativas». Esta opinión fue expresada por los analistas en una discusión en el Centro para el Interés Nacional, y citada en un artículo de The National Interest titulado ‘La pesadilla estadounidense: La entente chino-rusa’.

Según la publicación, ambos señalaron que Washington «comete un grave error de cálculo al no hacer ajustes estratégicos para prevenir el alineamiento cada vez más estrecho» entre estas dos naciones.

En el artículo explican que con el alineamiento entre Moscú y Pekín, Washington «ha perdido la posición ventajosa que ocupó durante la segunda mitad de la Guerra Fría, de disfrutar de mejores relaciones con Moscú y Pekín», relaciones mejores que las que estas naciones «tuvieron entre sí».

«¿Nos estamos dando cuenta de la pesadilla de Brezinski?»

Allison citó palabras del politólogo Zbigniew Brezinski ―exconsejero de Seguridad Nacional de EE.UU.― sobre las amenazas al interés estadounidense. «El escenario más peligroso sería una gran coalición de China y Rusia, unida no por ideología, sino por agravios complementarios», afirmó en 2017. En este contexto, Allison indicó que EE.UU. está mucho más cerca de enfrentarse a «una gran coalición entre Rusia y China» de lo que él había esperado cuando empezó su investigación. «¿Nos estamos dando cuenta de la pesadilla de Brezinski?», se preguntó.

Simes, por su parte, sostuvo que pese a la creciente cooperación entre Rusia y China, «la relación aún no alcanza el nivel de una alianza de facto, y una alianza oficial entre las dos potencias es improbable». Argumentó que a Pekín le preocuparía que una alianza formal con Moscú pudiera tener un impacto negativo sobre su relación económica «frágil, pero importante» con EE.UU.

Según el artículo, «China está más interesada en trabajar con Rusia y otros socios para acelerar el surgimiento de un mundo multipolar y posestadounidense, que quedar enredada en una lucha bipolar permanente del lado de Rusia frente a Estados Unidos».

Por otra parte, Simes cuestionó el escepticismo de algunos analistas estadounidenses acerca de que es poco probable que Rusia y China desarrollen una cooperación más profunda debido a los intereses competitivos a largo plazo, la rivalidad histórica y la falta de valores compartidos. Según indicó, en la geopolítica «los intereses mutuos inmediatos y las percepciones de amenazas triunfan sobre los valores compartidos«.

Acerca de cómo Washington debería tratar esta situación, Allison recalcó que EE.UU. necesita «un reconocimiento más realista de la causa y el efecto», y le recomendó «recalibrar sus objetivos estratégicos» hacia estos dos países. «Lamentablemente, los costos de la incapacidad de EE.UU. para pensar estratégicamente han sido demasiado predecibles; el principal es una alineación cada vez más estrecha entre Rusia y China», concluyó el artículo.

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