La Argentina lidera por lejos el ránking de los países más endeudados de la región. Y también es la nación que se endeudó a mayor velocidad en los últimos tres años. Datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), presentados hace pocos días, muestran que la proporción de la deuda pública argentina pasó del 53,3% del PBI a fines de 2015 al 77,4% a mediados del 2018, mientras que el promedio regional llegó 41% en el mismo lapso.

El trabajo, titulado «Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe», destaca el caso de la Argentina, que incrementó su nivel de endeudamiento en 20 puntos porcentuales del PBI entre el 2017 y el segundo trimestre de 2018.

No obstante, este informe del organismo latinoamericano tiene en cuenta sólo el primer desembolso del Fondo Monetario Internacional (FMI) de la primera mitad del año pasado. Con lo cual, si se considera el último dato oficial, que corresponde al tercer trimestre del 2018, la deuda argentina llega al 95,4% del PBI. «Y, si se le suma el último desembolso del Fondo, la estimación llega al 97,7%», explica el economista Guido Lorenzo, de la consultora LCG.

El analista señala que «otros países tienen niveles de deuda externa a reservas, por ejemplo, muy bajos comparados con nuestro país. En la Argentina, a pesar de la recomposición, el ratio de deuda a reservas internacionales se duplicó en los últimos cinco años», dice.

De acuerdo con el informe de la CEPAL, detrás de la Argentina está Brasil, con un nivel de deuda pública del 77,2% del PBI hasta el segundo trimestre del 2018. Costa Rica ocupó el tercer puesto, con el 52% de su PIB.

Paraguay, en tanto, presentó la deuda pública más baja de la región, equivalente a un 16,2% del PBI. En tanto, la de Perú equivalió al 20,4% y la de Chile, al 23,7%.

Mientras que la deuda Venezolana representa el 55% del PBI.

Lorenzo explica que, en la Argentina, la deuda tiene una particularidad, que el 75% está en moneda extranjera», dice. «Esto nos lleva a pensar si realmente podemos pagarla. Hay países que no tienen esa dificultad, emiten deuda en moneda doméstica y a tasas similares a las que crece su producto, por lo que la sostenibilidad no es un problema», dice.

En el aumento de la deuda argentina incidieron distintos factores. Por un lado, el acuerdo al que llegó el país con el FMI para acceder al préstamo de US$ 56.300 millones. También las pérdidas por la sequía, en 2018 (estimadas en US$ 8.000 menos en exportaciones) y la caída del precio internacional de la soja, entre otros.

«La fuerte suba de la deuda en 2018 se debe principalmente a los efectos de la devaluación del peso, que hizo bajar el número del PBI cuando se lo mide en dólares, y por ende ‘saltó’ fuertemente el cociente hacia arriba», explica Marcelo Capello, director del IERAL. «Esto resulta evidente cuando se tiene en cuenta que la deuda en dólares cayó desde US$ 321 mil millones en 2017 a 308 mil millones a fines de septiembre de 2018, pero el cociente deuda / PBI pasó de 57% a 95%».

Con todo, según Capello, «la deuda a la que hay que prestarle más atención es aquella cuyo acreedor no es el mismo sector público argentino, sino la deuda con privados y con organismos internacionales. Así medida, la deuda pública pasó de 29% del PIB en 2017 a 58% en 2018, una suba importante, pero que ubica al nivel del endeudamiento aún en niveles tolerables», dice.

El reporte de la CEPAL agrega sobre el endeudamiento local que “Argentina se comprometió a aplicar un duro ajuste fiscalorientado a alcanzar un balance fiscal equilibrado para 2019”. Por eso, la clave es lo que pase con el déficit fiscal. Según Capello, «las necesidades financieras para 2019 están cubiertas, aunque no para 2020. Y en medio hay elecciones presidenciales. Esa es la principal fuente de incertidumbre respecto de la situación futura relativa a la deuda», dice.

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