¿MILLENIALS SOCIALISTAS? ¿REALLY?

Por Ricardo Salgado

Hace unos días la revista británica The Economist, reconocido tanque de pensamiento liberal, anticomunista, presentaba un artículo con un título similar al de este escrito. Luego de una revisión de la política anglosajona (Reino Unido y Estados Unidos), alertaba sobre él resurgimiento de una izquierda socialista democrática entre los millenials, y llegaba a la conclusión contundente de que “los liberales deben combatirlos”.

Ese artículo me hizo recordar el debate político nacional, en el que muchos millenials, justamente, se aferran a la tesis de que “las ideologías no sirven” y de que “necesitamos un mundo sin ideologías. Este pensamiento no es casual. Los millenials son el grupo poblacional nacido entre 1983 y 2002 (los criterios de fecha varían, pero poco). En términos reales, este segmento creció bajo la égida del pensamiento único del mundo unipolar, bajo la creencia de que “las ideologías” son cosa del pasado, que ya fracasaron, y que ahora vivimos en el tope histórico indiscutido de supremacía norteamericana.

Sin embargo, no todos los millenials creen esa historia. De hecho, en nuestra Honduras, existen millenials que ya hacen valiosos aportes a las ciencias sociales y elevan el nivel del debate político. El fin de la uní polaridad, y el pensamiento único llegó incluso a Estados Unidos, y eso no es algo extraño. En un país con inmensa riqueza, la desigualdad resulta ofensiva, además, surgen grandes contradicciones sobre el derecho que tenemos todos los seres humanos a sobrevivir, y entonces se plantean cuestiones de fondo como el “New Green Deal” presentado por la congresista de Brooklin Alexandra Ocasión Cortez, de apenas 30 años, que apunta a derrotar la industria de combustibles fósiles.

Los millenials están ya presentes en la política, pero muchos lo hacen del lado más conservador. Es lógico que un país como el nuestro, los millenials sean mucho más conservadores que en otras partes del mundo. Después de todo, aquí la lógica es que “leer produce dolor de cabeza” y que “la mente solo puede aprovechar un máximo de dos párrafos”. Esto es muy conveniente para quienes dominan, pues la generación que se encuentra en apogeo, los millenials, ya cumplen dos tareas: metabólizan muy bien la propaganda hegemónica de la posverdad, y, han asimilado muy bien el discurso de que las generaciones anteriores a ellas no sirven, y que son responsables de sus tragedias.

Es normal en un político millenial hondureño que crea que “las ideologías son cosa del pasado”, o que “el socialismo es una ideología”. Además, tienen una tendencia casi adictiva a someterse a las herramientas del marketing, que les llegan a altas velocidades por medio de las redes sociales. La manipulación unidireccional los hace victimas fáciles de las Fake News, y repiten con facilidad lo que escuchan, aunque no sepan nada. Incluso llegan a caer en la ilusión de que “cada uno tiene un conjunto propio, particular, único de pensar” sin percatarse de que cada día viven sumidos en un pensamiento más estandarizado, normalizado, esto es, todos piensan diferente, lo mismo.

El artículo de The Economist, levanta una alarma sobre la existencia de un grupo “anómalo” de millenials, que se oponen a esa normalización y que deben ser combatidos. Curiosamente, el artículo mencionado culpa del surgimiento y crecimiento de este grupo de millenials a “los efectos indeseados de la economía de mercado”. En un lenguaje puro, ideológico de principio a fin, la revista alerta sobre el surgimiento de una corriente contra hegemónica en las entrañas mismas del capitalismo.

La ideología no es un objeto indeseado del que una sociedad se deshace por un decreto. Es el conjunto de ideas dominantes que permiten a todos creer que el sistema dominante es “correcto”. Es por eso, que la ideología sirve como herramienta para justificar los intereses de la clase dominante sobre los dominados, y eso se refleja en la religión, las leyes, la cultura, en todo. Por ejemplo, la lucha en favor o en contra del aborto, está enmarcada profundamente en un debate ideológico: los que se oponen invocan todos los argumentos hegemónicos que demonizan el asunto, mientras quienes luchan en favor debaten contra esa lógica de pensamiento, argumentando realidades, construyendo una posición contra hegemónica.

La mayor parte de mis amigos tienen hijos millenials; muchas veces nos llama la atención cuando ellos dicen absurdos como que el opuesto de conservadurismo es el progresismo. Construyendo así un bodrio que trata de homologar las contradicciones de los siglos XVII y XVIII con las de los siglos XX y XXI. La oposición al conservadurismo es el liberalismo desde hace un par de siglos, pero en nuestro país, la mayoría de los que se dicen liberales, no sabe qué significa eso. Si lo entendieran, sabrían porque es natural que LIBRE se nutra de bases liberales y no nacionalistas.

Al final, los millenials han entrado en apogeo, por eso deben entender que ellos no son una generación homogénea, como no la fue la nuestra. En aquel entonces, las divisiones de clase eran las mismas que ahora. Sus intereses no son los mismos, y si vemos a la clase dominante hondureña, encontraremos que son todo parte de mi generación (con algunas excepciones). El hecho es que existe una relación dialéctica, todos envejecemos. A los millenials ya les pisan los talones los centennials (creo que así se llaman), y en ellos predominan también las relaciones de clase, de explotación, de opresión.

Como vemos, no se trata de viejo o nuevo, porque siempre lo nuevo reemplaza lo viejo, sin excepción. Se trata de una construcción contra hegemónica, en la que contribuimos todos, para poder cambiar el sistema, para tener un país de verdad. No basta declararse millenial, como un fuera un requisito universal para garantizar cambios, es necesario entender el mundo para cambiarlo.

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