Centroamérica: el paraíso del narcotráfico.

Una de las zonas más afectadas por el tráfico de drogas es la región de Centroamérica, que une como un puente las dos orillas del narcotráfico: por un lado la producción (Sudamérica) y por otro el consumo (Norteamérica). En términos generales es la región sudamericana la que produce la droga que transita por Centroamérica y México, camino de Estados Unidos, el principal consumidor de droga del mundo. Cada mes, más de 22 millones de personas en los Estados Unidos consumen algún tipo de droga ilegal. Este mercado demanda grandes cantidades de droga, que llegan a través de Honduras, Guatemala, El Salvador o Panamá. El 90% de la droga producida en Sudamérica pasa por Centroamérica antes de llegar a Estados Unidos.

La región centroamericana está determinada geográficamente a ser el puente que une la producción de droga con el consumo. Es el eslabón que une la cadena, una pieza clave en el narcotráfico del continente americano, y que sufre especialmente las peores consecuencias de este negocio.

Hay dos tipos principales de organizaciones de tráfico de drogas en Centroamérica: administradores y transportistas. Las organizaciones mexicanas se encargan principalmente de la administración y obtienen la mercancía necesaria de los países de origen, además de los propios cárteles, que se preocupan por gestionar su mercancía, en Centroamérica aparece un actor autóctono de la región: las maras, peligrosas bandas locales que también administran el tráfico de drogas.

La otra categoría, los transportistas, tienen conocimiento previo de rutas de tráfico, y cuentan con los contactos necesarios en círculos de los Gobiernos dada su experiencia con robos y contrabando. Actualmente la tarea de estos transportistas es trasladar drogas desde Sudamérica hasta México.

En su camino hacia México, la droga atraviesa algunas de las selvas más densas del planeta, las zonas más violentas del mundo, un sinfín de islas, túneles, senderos, surca el mar e incluso los cielos. Es un camino complicado y peligroso, pero eso no impide que cada año 900.000 kilos de cocaína pasen por Centroamérica.

Es muy difícil traficar por tierra grandes volúmenes de droga desde Sudamérica debido a la región del Darién, una extensión de jungla casi infranqueable entre Colombia y Panamá. Para sortear esta barrera, algunos traficantes hacen el corto viaje hasta Panamá por mar desde el Golfo de Urabá en el Atlántico. Para evitar ser interceptados, los traficantes esperan una brecha en las patrullas de seguridad antes de hacer el viaje, utilizando una amplia gama de embarcaciones marítimas.

El siguiente país en el viaje hacia el norte es Costa Rica. Los cárteles han encontrado un paraíso vasto en los manglares y junglas, con pocos pobladores y escasa vigilancia policial, que pueden usar como puntos de almacenamientos para la cocaína. Los 28 parques de Costa Rica abarcan una cuarta parte del territorio, lo que significa que los narcotraficantes tienen más que suficientes pantanos, montañas y junglas para esconderse.

El aumento de la actividad de los cárteles de la droga en los parques de Costa Rica se explica por el llamado efecto globo, que desplaza el narcotráfico desde las zonas donde está siendo combatido por militares (como en México, Colombia, Honduras o Guatemala) hacia otros espacios como Panamá o Costa Rica.
Honduras es principalmente un punto de abastecimiento y tránsito de droga. Los traficantes rara vez son encontrados fuera de su país de origen.

Además, en muchas de estas áreas remotas se instalan pequeñas pistas de aterrizaje para avionetas, pues viajar por carretera es impracticable entre la densa selva.

La mayoría del tráfico de drogas es costero, aunque también existe un flujo interior a través de los ríos, algunos de los cuales transitan a lo largo del territorio.

Por su parte El Salvador, por su reducida extensión, no es un punto importante en el camino del narcotráfico. Las autoridades manifiestan que por su país transita muy poca cocaína debido a la carencia de una costa atlántica y a que presenta muy pocas ventajas sobre los países más al norte.

También es cierto que El Salvador es el país con mayor densidad de población en la región, lo que reduce las oportunidades de utilizar pistas de aterrizaje clandestinas y zonas remotas de desembarco marítimo.

Honduras es hoy en día el punto de entrada más popular para la cocaína con dirección norte hacia Guatemala. Los flujos de cocaína directos a Honduras crecieron de forma significativa después de 2006 y aumentaron enormemente tras del golpe de Estado en 2009. De manera especial ha crecido el tráfico aéreo desde la frontera entre Venezuela y Colombia, gran parte del cual era anteriormente dirigido a La Española y ha sido redirigido a las pistas de aterrizaje clandestinas en Honduras. Una de las zonas más importantes para el narcotráfico en Honduras en la región de

La Mosquitia, en el departamento “Gracias a Dios”, al noreste del país. En esta zona son muy corrientes los enfrentamientos entre cárteles, y abundan las noticias sobre asesinatos e incautaciones de alijos de droga. Es en La Mosquitia donde se entregan los paquetes que llegan desde Colombia por aire, utilizando varias pistas clandestinas, o desde el mar, con Puerto Lempira como localidad más importante de la región y principal lugar de descarga de envíos ilegales. El 80% de la droga que transita por Honduras se traslada por vía marítima y el 20% restante por tierra y aire, según las autoridades hondureñas. La inestabilidad política y la violencia generada por el narcotráfico y la proliferación de las maras, han convertido a Honduras en uno de los países más peligrosos y violentos del mundo. Honduras tiene la tasa de homicidios más alta del mundo: al menos 20 personas son asesinadas cada día en una nación con ocho millones de habitantes.

Cuando se trata del tráfico de droga en Centroamérica, todos los caminos llevan a Guatemala. Tradicionalmente, el país ha estado claramente dividido entre las rutas de suministro al Cartel del Pacífico que permanecen cerca de la costa sur y aquellas que suministran a Los Zetas, el cártel mexicano que controla la mitad norte del país.

Después de pasar desapercibidas por la guardia costera, las lanchas cargadas de droga atracan en la costa cercana a Puerto Quetzal, y por tierra la mercancía es gestionada y transportada por las bandas locales para hacérselas llegar a los narcotraficantes mexicanos del poderoso Cártel del Pacífico, que llevan la droga a México por el departamento de San Marcos.

De forma paralela, los cargamentos ilegales que llegan al norte del país por tierra o por mar desde La Mosquitia hondureña, son recogidos en Puerto Barrios o en la región interior de Zacapa, y llevados directamente hasta territorio de Los Zetas, que controlan el gran departamento de Petén, último escalón antes de alcanzar territorio mexicano.

Desde los últimos años la actividad relacionada con el narcotráfico y la violencia ha aumentado en Guatemala. El aumento de los envíos directos hasta Honduras y los esfuerzos de las autoridades mexicanas por evitar la llegada directa de droga a su país han obligado a Guatemala a absorber el 90% del flujo de cocaína, formando en el territorio guatemalteco una situación de cuello de botella. Toda la droga que converge en Guatemala es administrada por varias familias o bandas que, aunque son locales, hacen las veces de representantes de los grandes cárteles mexicanos, que son los que en última instancia manejan los hilos de todo lo que ocurre en Centroamérica.

Los narcotraficantes tienen que atravesar los más de 1700km que separan la costa norte de Colombia de la Península de Yucatán para llevar la droga hasta México, y que de allí llegue hasta el mercado estadounidense. Para realizar este gran desplazamiento sin ser detectados han desarrollado distintas estrategias: transporte de la droga por tierra (vehículos), por mar (lanchas) y por aire (avionetas). Aunque son tres métodos distintos para el tráfico de drogas, todos comparten dos similitudes. Primero, que las lanchas, avionetas o vehículos involucrados son pequeños, por lo que el cargamento que llevan no suele exceder los 100 kilogramos. Aunque lo pequeño de las cantidades requiera muchos más viajes, se tiene la ventaja de que se pierde menos mercancía cuando es interceptada. Y segundo, lo más importante: los tres métodos requieren presencia física activa de los cárteles mexicanos en territorio centroamericano

El narcotráfico no sólo es una actividad ilegal y delictiva, también es una forma de vida. Para muchas familias en Centroamérica transportar un fajo de cocaína es la única forma de subsistir, y así encontramos a población indígena de las selvas de Nicaragua que están aceptando los pequeños encargos de los narcotraficantes, y se involucran sin pretenderlo en el negocio de la droga, cuando su única intención es tener dinero para poder vivir.

Además de este dinero que sirve a muchas familias para sobrevivir, el narcotráfico también entiende de grandes cifras. Los 900.000 kilos de cocaína que pasan cada año por Centroamérica dejan grandes beneficios en los distintos países. Tan sólo en Costa Rica, la cocaína que transita por sus parques naturales y sus carreteras tiene un valor de 900 millones de dólares.

Centroamérica no sólo es una zona de tránsito para la  droga, sino que se ha convertido poco a poco en una zona de conflicto, en la que varias organizaciones criminales se disputan el control del territorio. El estrecho puente centroamericano hacia México ha dejado de ser un lugar de paso, y es ahora un lugar protagonista de la acción de los grandes cárteles mexicanos.

A raíz de la estrategia de confrontación abierta al crimen organizado mantenida por el Gobierno de México desde hace unos años, los dos principales cárteles del país, el Cártel del Pacífico y Los Zetas, han trasladado a Centroamérica 90% de sus operaciones para el tráfico de cocaína hacia Estados Unidos y, con ello, también su lucha por el control de plazas.

Principalmente es Guatemala el territorio disputado por los cárteles mexicanos, a través de las bandas locales, las denominadas maras. Por su parte Honduras realiza una función de “puerto de llegada” de la droga que se dirige tanto a Los Zetas como al Cártel del Pacífico. Belice es considerada como zona de operación de Los Zetas, y en El Salvador, la principal organización de tráfico de drogas trabaja para el Cártel del Pacífico. Panamá, Nicaragua y Costa Rica no sufren el acoso de la violencia entre cárteles ni los enfrentamientos de las maras, por ser territorios simplemente de paso para la droga.

Centroamérica, además de sufrir la acción de los cárteles mexicanos, tiene a las peligrosas pandillas o maras, que no se deben confundir con el crimen organizado. Para las maras, la pandilla es la familia, porque sus miembros provienen, casi sin excepción, de familias disfuncionales muy pobres. Para ellos el dinero es instrumental y no necesariamente un objetivo prioritario. Mientras que el crimen organizado es esencialmente clandestino, la mara, por el contrario, es abierta. Ambos cometen atrocidades, pero para el crimen organizado la violencia es un instrumento de poder y para la pandilla la violencia es un factor de identidad. Los miembros del crimen organizado pueden consumir o no drogas, en cambio los pandilleros suelen ser adictos.

Esta situación que vive Centroamérica con respecto a al narcotráfico y la violencia está íntimamente ligada a décadas de gobiernos neoliberales pro estadounidenses que retiraron al Estado y promovieron grandes problemas sociales y estructurales que generó las condiciones para que el narcotráfico y el crimen organizado se afianzara en la sociedad. EE.UU dice tener un rol importante en el intento de combatir el narcotráfico ya que es el mayor consumidor de drogas del mundo, pero al mismo tiempo esta situación de violencia y miseria genera que Norteamérica puede tener mayor y mejor control de estos países y sus economías beneficiándose en una especie transferencia de ingresos de estos países hacia su economía, además está comprobado el vínculo de la DEA y la CIA con el narcotráfico, que en lugar de combatirlo lo estuvieron utilizando para sus negocios y sus propios intereses. Al mismo tiempo los piases de Centroamérica se encuentran en situaciones cercanas a los llamados “estados fallidos” donde el estado no controla la totalidad de su territorio y pierde legitimidad la institucionalidad de determinado país.

La respuestas de estos países fue la declarar guerras contra el narcotráfico que solo generaron más violencia y muerte. El poder financiero también está involucrado en esta problemática, ya que los grandes bancos son cómplices en el lavado de dinero y el ocultamiento de cuentas pertenecientes a grandes capos narcos, sin dudas en Centroamérica y el caribe se encuentran algunos de los más grandes paraísos fiscales del mundo. Por último, esta crisis que viven los países centroamericanos marcados por la violencia, la pobreza, la falta de oportunidades y la miseria, ha desembocado en determinados fenómenos como las “caravanas de migrantes” que huyen de su país en busca de una mejor vida ya que en sus países el único futuro posible es el narcotráfico.

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