Estados Unidos mata «por error» a 40 jornaleros en Afganistan.

Horas tensas en Afganistán, tras dos matanzas de signo distinto, con decenas de víctimas civiles y cruce de acusaciones. La más sangrienta fue provocada anteanoche por un avión estadounidense, que mató por error a más de cuarenta jornaleros en la provincia de Nangarhar.

Las víctimas, muchas de ellas procedentes de otras provincias, habían terminado su jornada laboral en los pinares y se recogían en cinco grandes tiendas de campaña alrededor de una hoguera.

El lanzamiento de misiles por parte de un dron convirtió el fuego de campo en una pesadilla dantesca. El traslado de las decenas de heridos y de cadáveres a la capital provincial, Jalalabad, provocó manifestaciones de indignación.

En dicha ciudad del este de Afganistán se encuentra uno de los aeródromos desde donde despegan los drones estadounidenses, aunque hay otros, como el operado por la CIA en Camp Chapman, en Khost.

Los supervivientes aseguraban haber avisado a las autoridades de su labor, a sabiendas de que se trata de una zona en guerra. Algo que poco importa al software de observación por satélite, programado para identificar como diana terrorista cualquier reunión de hombres llegados en camionetas. Y si Obama multiplicó los bombardeos con drones, Trump ha simplificado los controles para llevarlos a cabo.

En cualquier caso, el Gobierno de Washington no ha pedido hasta ahora disculpas por la salvajada. Un portavoz militar, coronel Sonny Legget, se ha limitado ha declarar que estaban al corriente de las alegaciones, que las estaban investigando y que su objetivo era el Estado Islámico.

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