Berta Cáceres, las liderezas asesinadas y la justicia hondureña ante el mundo.

Rodolfo Pastor Fasquelle

Este país les debe a sus mujeres más que una disculpa. Como por costumbre, se las insulta y golpea y tiraniza. Y Honduras tiene uno de los índices de femicidio más altos del mundo cristiano. A diario aparecen doquier mujeres encostaladas, enterradas a medias

El 4 de Marzo de 2016 cuando trascendió la noticia del asesinato de Berta Cáceres, visitaba yo al -hoy difunto- amigo Jaime Rosenthal, entonces bajo detención domiciliaria. El conocía bien a los autores intelectuales de esa trama, aunque no me iba a contar. Le debe haber molestado que yo dijera -casi casualmente- la gente que hizo eso no sabe en qué lío se ha metido. Porque el problema es que son tan profundamente ignorantes del mundo a su alrededor, que no se dan cuenta de que los están viendo atrás del cristal opaco o la cortina transparente. Y no calibran.

Ambos sabíamos que -en su degradación- la elite hondureña (que ha dado golpes de estado, se ufana de ello y justifica la represión) no vacilaba para mandar a asesinar gente a su conveniencia, no importando que fueran mujeres, niñas o niños (como el recién caído en Yarumuela) y disponiendo para ese fin de elementos corruptos o ciegos de la FFAA y de la policía. En el caso del asesinato de Berta, los tribunales han condenado ya a un par de gatilleros. Pero también se han establecido los topes y protegido a todos los autores intelectuales, como han sido señalados múltiples agentes del gobierno y de la empresa.

Esta próxima semana un juzgado ya agotado retoma el juicio por asesinato -en distintos grados de participación y complicidad- contra Roberto David Castillo Mejía, ex oficial de las FFAA, ex agente de inteligencia militar, ex funcionario de la ENEE y director ejecutivo de DESA, la empresa que construía el proyecto de Agua Zarca, al que se oponía Berta C porque represaba un río, pese a la manifiesta oposición de sus pobladores. Castillo habría sido detenido en marzo del 2018, como cómplice conspirador cuando intentaba huir del país, avisado de que se había emitido orden de captura. Bajo custodia, recibió empero la más puntual y esmerada defensa, capaz incluso de contaminar las evidencias para declararlas inservibles. Aunque los condenados han atestiguado que él les proporcionó la logística y los recursos.

Berta Cáceres está lejos de ser una victima única y el sentido de su martirio se enriquece cuando se pone en perspectiva y contexto. Dos años antes de caer Berta, el 27 de agosto de 2014, mientras cultivaba la parcela que estaba en proceso de legalizar, había sido asesinada la lideresa campesina Margarita Murillo, por un sicario, con un disparo en la frente, en el Planón de El Venado.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), instó al Estado hondureño, el 17 de septiembre de 2014, a realizar una investigación con debida diligencia sobre su asesinato. Pero la fiscal a cargo de la investigación de la muerte de Murillo, Marlene Banegas, coordinadora de la Fiscalía de Delitos contra la Vida, y la fiscal Patricia Eufragio, también fueron asesinadas juntas, unos meses después, el 10 de octubre de 2014. Y desapareció el expediente que llevaban dentro de su pick up oficial, en que Banegas recibió más de cincuenta disparos. Los sospechosos de ambos crímenes (el de Margarita y los de las fiscales) también fueron asesinados. David E Ordóñez, sicario, fue asfixiado mientras estaba detenido en la policía.1 Al día de hoy, también ese asesinato permanece impune y la causa, inmóvil.

Un año antes de que Cáceres (25 marzo de 2015), fue encontrada, torturada y muerta la niña Zoe, que un día antes, había manifestado su opinión respecto del gobernante en una protesta de colegiales del Vicente Cáceres. La diferencia es que, claro, Berta era ya internacionalmente reconocida. Había sido recibida en foros fuera de las fronteras patrias y había recibido premios internacionales por hacer precisamente lo que no le gustaba a sus asesinos que hiciera, defender los derechos de su gente, que era también lo que hacía Margarita desde treinta años atrás. Pero a estas mujeres no las mataron por ser mujeres ni por una causa pasional, como incluso se pretendió oficialmente en el caso de Berta, tratando de inculpar a inocentes, desvirtuar testimonios y -al mismo tiempo- difamar a la víctima, vieja estratagema morbosa que la prensa colabora con su difundir.

Las mataron por ser cada una a su manera ciudadanas íntegras, por manifestarse y exponerse por la causa de su gente. Las asesinaron sicarios del poder, oficiales o no, individuos que respondían al poder público y privado oculto, a la conspiración que nos desgobierna desde hace décadas. Las mataron por ser opositoras, LIBRES y liderezas del Partido. Como fuera antes su madre lidereza liberal, Berta había sido fundadora y había apoyado al Partido LIBRE, con toda su familia y ganado un apoyo formidable en su comunidad para esta nueva institución. Y su hija es hoy diputada por el departamento de Intibucá por LIBRE. Margarita también había sido pilar de la construcción del Frente Nacional de Resistencia que se articuló a partir del golpe como precursor. Igual apoyó después la fundación de LIBRE y fue candidata a la diputación por Cortés en 2013.

Un conjunto de organizaciones internacionales muy prestigiosas han hecho rastreos e investigaciones exhaustivas de varios de los imputados como hechores, consentidores e instigadores del crimen. Han corroborado los antecedentes y han detectado Violencia, Corrupción e Impunidad en la Industria Energética Hondureña: Un perfil de Roberto David Castillo Mejía a quien también relacionan con la organización de Los Cachiros. Para nada es seguro que se juzgue el caso con imparcialidad o se tome en cuenta la evidencia abundante, que requeriría de una contundente. Los juzgados han evadido deducirle esa responsabilidad. La Fiscalía solicitó la suspensión del juicio contaminado, pero un juzgado de alzada ha ordenado que continúe en la instancia en que se descalifica la evidencia.

Esos juzgados sin embargo seguirán estando bajo la lupa internacional. Hace unos días cuando la Vocera y coordinadora de la mayoría demócrata en el Congreso americano Nancy Pelossi visitó Tegucigalpa, no quiso hablar con JOH, pero pidió una entrevista con los deudos de Berta. Después de todo Pelossi esta a cargo de convertir en ley un proyecto que lleva el nombre de Berta. Y cuando la diputada Berta hija visitó Washington hace semanas se reunió allá con un sustancial grupo de esos mismos congresistas. Y los hondureños tenemos la obligación de mantener el dedo en la llaga y el índice en el renglón de la acusación, hasta que caiga en cuenta la justicia de que la están viendo desnuda en todo el mundo y luce flácida y ridícula.

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