La relación entre el ser humano y el toro

Toro es un término que procede del vocablo latino taurus. Se trata de un ejemplar adulto y macho que pertenece al grupo de los bóvidos. Se caracteriza por su cuerpo robusto, cubierto de pelo corto, y por sus cuernos.

Los toros (machos) y las vacas (hembras) componen el ganado vacuno. En el caso de los toros, pueden pesar más de 1.000 kilogramos y medir hasta un metro y medio. En la cabeza, dispone de dos cuernos que pueden orientarse en sentido lateral o hacia arriba.

Estos animales son herbívoros y pueden estar unas ocho horas diarias digiriendo su comida. Los toros son rumiantes: regurgitan el alimento semi-digerido para volverlo a masticar y finalmente desmenuzarlo por completo.

Una de sus características menos conocidas por las personas que no se han acercado jamás a un toro es la agudeza que puede alcanzar su voz: cuando un toro está buscando pelea con otro, comienza a escarbar la tierra con fuerza mientras muge repetidas veces, al principio con notas graves, pero, aunque parezca mentira, luego de un rato alcanza una altura que poco tiene en común con su imagen.

El ser humano y el toro siempre han mantenido una relación estrecha, para desgracia de este último. Domesticado desde hace cerca de 10.000 años, se crían para la obtención de carne y cuero y como animales de tiro (es decir, para tirar carruajes y máquinas). En algunos países, los toros se utilizan en la tauromaquia, un evento que enfrenta a un hombre con un animal y que termina, por lo general, con el toro asesinado. La actividad se conoce como corrida de toros.

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